CHRISTINE, John Carpenter (1983)

Con Christine John Carpenter se enfrentaba a una ardua tarea. Ni más ni menos que adaptar una novela de Stephen King. Puede que se atreviera gracias al éxito cosechado por la revisión de The Shining que firmó Stanley Kubrick en 1980. Lo que es evidente es que muchos lo han intentado pero normalmente las versiones cinematográficas de las novelas de King suelen ser un tanto decepcionantes, sin embargo Carpenter lo logró, igual que David Cronenberg el mismo año (ya es casualidad!) con su versión de The Dead Zone.

Arnie (Keith Gordon) es un nerd que vive constantemente puteado por los gamberros del colegio, se siente oprimido por una madre dominante y para colmo no se come un rosco con las chicas. Vamos, que podríamos estar hablando  del jugador standard de Dragones y Mazmorras que seguramente moriría virgen. Sin embargo un día yendo en coche con su amigo Dennis (John Stockwell) ve un coche a la venta. El coche en cuestión es un Plymouth Fury del ’58. Está hecho una mierda pero Arnie decide comprarlo igualmente y dejarlo como nuevo.

Rápidamente empiezan los problemas; su madre no quiere que aparque el coche en casa con lo que Arnie se ve obligado a dejarlo en un garaje de mala muerte en el que se dedica en cuerpo y alma a localizar las piezas necesarias para restaurar a su nuevo coche, Christine. 

Arnie empieza a experimentar cambios en su comprtamiento. De la noche a la mañana pasa de ser un nerd a un tipo duro completamente obsesionado con su coche. Manda a la mierda a sus padres, los gamberros del colegio no le molestan…  Incluso consigue ligarse a Leigh (Alexandra Paul) la chica más guapa del insituto y, más adelante, la “vigilante de la playa” más plana de la historia.

Por extraño que parezca hay una simbiosis entre Arnie y Christine. Una especie de fuerza sobrenatural que hace que se protejan mutuamente. Eso provoca que la gente odie el coche de Arnie. Leigh tiene celos, sus padres creen que es la causa del brusco cambio de actitud de su hijo y los gamberros le tienen envidia…

Christine es un simple coche, pero parece tener personalidad y está dispuesto a acabar con cualquiera que le putee o se ponga entre ella y su querido Arnie siempre a ritmo de rock and roll 50’s. Así pues, Christine no duda en tomarse la justicía por su mano en más de una ocasión, causando la muerte de varios personajes del entorno de Arnie y haciendo que la policía investigue al joven estudiante.

Los efectos especiales están muy logrados y la adaptación es de las mejores que se han hecho de Stephen King. El único punto negativo que le veo es que las muertes no sean más explícitas. Además de dar mucho juego creo que habrían dotado a la cinta de la mala leche que requería y que, en algunos momentos, se echa en falta.

 

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