STARMAN EL HOMBRE DE LAS ESTRELLAS (STARMAN), John Carpenter (1984)

Por muy consagrado que sea un director, y por películas muy míticas que haya rodado, independientemente de los galardones otorgados, siempre hay algún tropiezo, alguna película que rompe la progresión  in crescendo y altera el ritmo de producción, sin ir más lejos, el propio Martin Scorsese cayó en picado con el bodrio de Kundun, del que os hablamos hace algunas semanas. Personalmente, creo que el traspié de Carpenter fue con Starman. Tras los trallazos previos de Escape from NY, La Cosa y Christine, Carpenter presenta un conglomerado de amor y ciencia ficción, muy lacrimógeno, que parece un intento de recuperar la existosa fórmula de ET, de Spielberg.

El punto de partida de la historia apunta buenas maneras. Un mensaje de invitación al planeta Tierra para habitantes de otros mundos es captado por una forma de inteligencia superior que decide acudir a la llamada para estudiar a los hombres. La recepción es sin embargo totalmente hostil y la nave en la que viaja un enviado es derribada por cazas del ejercito norteamericano. Por casualidad el alien entra en el hogar de Jane Hayden (Karen Allen), una jóven viuda incapaz de superar la pérdida de su marido Scott (Jeff Bridges). Gracias a un mechón de pelo del difunto en un album de recuerdos, el ser asumirá su adn y replicará su apariencia física para asombro y terror de Jane.

Ante las circunstancias la misión prioritaria del alienígena será sobrevivir y viajar desde Wisconsin hasta el desierto de Arizona, donde en un periodo de tres días, será abducido por sus hermanos. Para ello, forzará a Jane a acompañarlo en su desesperada huida.

El problema de esta historia es que tenemos a la joven abatida por la pérdida de su marido y necesitada de atención y amor, y al espectacular alien, que se mueve  como un robot, con una bondad e ingenuidad que parece más Bambi que un ser más avanzado a nosotros. En algunos momentos es como ver a ET, pero con hormonas flotando por el aire y desgraciadamente la historia termina siendo un pastel de grandes dimensiones.

Y es que una historia con tanto contenido emocional no encaja con la filosofía de  Carpenter. Hacíamos coña acerca de la posibilidad de que en esa época el director se hubiera casado o hubiese sido padre…alucinad! Echando mano de Wikipedia, Carpenter fue padre en 1984 y en ese mismo año se separó de su mujer, la actriz Adrienne Barbeau (La Niebla, Escape from NY). Ahí tenéis la explicación.

Starman tuvo bastante repercusión en los medios y éxito comercial  y recibió demasiadas buenas críticas para mi gusto, pero es lo que tiene una historia con mensaje y moraleja: el extraño es civilizado, respetuoso con su entorno y bueno por naturaleza, frente a los hombres, egoistas, diabólicos, y deshumanizados. La lagrima vende, y desafortunadamente la que podría haber sido una huida vertiginosa con gran dosis de acción quedó mermada por el amor. Ays!!!

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