EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS (Prince of Darkness), John Carpenter (1987)

La década de los 80 comenzó muy bien para Carpenter, pero empezó a quedar tocada con algunos títulos prescindibles en su filmografía. Así como Starman obtuvo grandes resultados no sólo a nivel comercial sino también por la crítica El Príncipe de las Tinieblas fue un fracaso estrepitoso. Y no es que la historia sea mala, pero como está tratada hace que el resultado sea bastante flojo.

En esta ocasión un sacerdote aterrorizado (Donald Pleasence) contacta con el eminente profesor Howard Birak (Victor Wong) para analizar y detener el Mal, concentrado en un gran cilindro oculto a los ojos del público durante miles de años.

El misterioso cilindro se encuentra en el sótano de una antigua iglesia abandonada en un barrio marginal en L.A. El contenido está en constante movimiento y parece estar recuperando un enorme poder que puede suponer el retorno de Satán a la tierra.

El profesor moverá a un equipo de investigación formado por sus propios alumnos  hasta la Iglesia para pasar un estupendo fin de semana tratando de averiguar a qué se enfrentan: desde mediciones de actividad a traducciones de un antiguo diario, pasando por complejas ecuaciones matemáticas, los jóvenes aplicarán su sabiduría para descifrar el misterio, aunque no todos estén por la labor de perder su fin de semana en lo que creen es una locura.

El problema es que la fuerza del cilindro es capaz de atraer y manipular mentes, así que la iglesia estará en todo momento custodiada por vagabundos en trance, uno de ellos Alice Cooper, que se encargarán de poner fin  a todo aquel que salga, y además conseguirá hacerse más poderoso dentro de la iglesia convirtiendo a despistados estudiantes en sus siervos del mal.

Como os comentaba, la historia no está mal, aunque parece que el público no comprendió que el Mal se redujera a ecuaciones, composiciones químicas…para mí ese no fue el error, sino el ritmo de la película, que es demasiado lento y con grandes altibajos.

De nuevo Carpenter recurre a un sitio cerrado para dar una sensación más claustrofóbica como ya hiciera con Asalto o La Cosa, y recordando aún más a la segunda, los personajes poco a poco sucumben al poder del Mal convirtiéndose en una especie de zombies poseidos.

Es una lástima, pero a veces el resultado de una cinta de terror de estas características, si no viene marcada por un ritmo más acelerado, puede quedar enormemente mermado,  que es lo que pasó en esta ocasión. 

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