CHINATOWN, Roman Polanski (1974)

Sin haber profundizado mucho en su filmografía, con la broma ya he visto varios títulos dirigidos por el excéntrico Polanski. Sin duda Chinatown resulta una de sus grandes obras maestras, su tributo al cine negro abanderado por un soberbio Jack Nicholson y una bella y carismática Faye Dunaway culminó en un éxito total.

Si bien a Polanski se le notaba cierta debilidad por lo oculto y las locuras de la mente humana, en Chinatown prefiere el recurso del engaño y la traición como centro de la trama.

Gittes (Jack Nicholson) es un ex­-policia de Chinatown que dejó el peligroso distrito para llevar una vida más cómoda como detective privado. La señora Mulwray requiere de sus servicios para descubrir las infidelidades de su marido, un trabajo regular, seguro e inofensivo en principio. En realidad se trata de una trampa que Gittes descubre cuando tras haberse filtrado unas fotos comprometidas, la auténtica señora Mulwray (Faye Dunaway) lo demanda. Y es que su marido resulta ser un elemento clave en la manipulación y especulación del agua en un L.A  que aparentemente está pasando por una de las mayores etapas de sequía. Ni que decir tiene, que a medida que el detective, convirtiendo el asunto en algo personal,  la cosa se vuelve turbia, corrupta y mortalmente peligrosa.

Chinatown es una de esas películas cuya atmósfera, a medida en que se va profundizando en aspectos más oscuros se vuelve más sórdida y sofocante, en este aspecto otra película cuyo efecto es similar es Apocalypse Now en un plano totalmente distinto obviamente. Los traumas salen a flote y todo se entremezcla convirtiéndose en una auténtica bomba que tiene que estallar.

Insisto, los personajes principales, incluyendo al poderoso Noah Cross, interpretado por John Huston, no tienen desperdicio. Está claro que el guión es espectacular,  que por cierto fue escrito por Robert Towne, que también hizo el de Bonnie and Clyde, pero la combinación del histrionismo de Nicholson, con la frialdaz y altivez de Dunaway, es simplemente perfecta.

Dos horas que por su oscuridad pueden resultar algo densas si no se coge con ganas, pero que motivado, se disfruta de lo lindo. Para mí un clásico imprescindible para cualquier amante del buen cine.

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