EL LUCHADOR (The Wrestler), Darren Aronofsky (2009)

The Wrestler es la cuarta película de Darren Aronofsky. Con Pi sorprendió con su peculiar y enfermiza historia sobre un matemático. Luego vino el moderado éxito de Requiem For A Dream, una película sobre jóvenes y drogas, y después hostión con The Fountain. Ésta última fue un sonado fracaso. Quizá fue demasiado ambiciosa en todos los aspectos… No es una película de ligera digestión. Probablemente por eso mismo luego Aronofsky decidió poner toda la carne en el asador. Contactó con Mickey Rourke para interpretar el papel de The Ram y parió un original drama sobre la soledad y la decadencia escrito por Robert D. Siegel. Digo lo de original porque no es habitual toparse con películas sobre el declive de una estrella de lucha libre.

La primera vez que la vi me gustó pero no me volvió loco. Supongo que fui una víctima del hype del momento. Vamos a ver, las interpretaciones me gustaron, la dirección y la historia también, pero quizá me parecieron demasiado enfocadas al Oscar. Total, que el revuelo que levantó me pareció desmesurado en su momento. Sin embargo, un segundo visionado a puesto las cosas en su sitio y ahora considero que The Wrestler es una película de notable.

The Ram vive en una caravana. Es un hombre sencillo. Tiempo atrás (en los 80’s) fue una estrella de la lucha libre. Hoy en día sigue con su oficio pero tiene problemas para llegar a fin de mes. La edad y los excesos han hecho huella en su castigado cuerpo. A causa de su estilo de vida sufre un infarto y los doctores le dicen que tiene que abandonar la lucha, su vida. 

Es entonces cuando The Ram se da cuenta que debe hacer lo posible para arreglar su vida. Intenta retomar el contacto con su hija Stephanie (Evan Rachel Woods), busca un nuevo empleo y le abre su corazón a Pam (Marisa Tomei), una stripper. Pero ya sabemos que la vida no es un camino de rosas y el sendero de The Ram no iba a ser una excepción.

Aronofsky nos deleita con el retrato de un personaje decadente, solitario, humilde, mayor y dispuesto a luchar por su vida hasta el último instante. Se trata de un film de marcados tonos oscuros. Grabado de una manera muy cercana y realista. Tanto, que  a ratos parece un documental.

Por supuesto el film no sería lo mismo sin la actuación del gran Mickey Rourke. Puede que el bótox le haya jodido la cara pero a pesar de ello Rourke es un actor de un talento desbordante y nos obsequia con una interpretación sobrecogedora que bien merecía la codiciada estatuilla.

Otro acierto de Aronofsky fue la selección musical. Ni más ni menos que hard rock de los 80’s. Un estilo que, como The Ram, pasó sus mejor época en la década de la laca y el spandex y que hoy en día se encuentra en plena decadencia. Una delicia escuchar temas de Ratt, Accept o Cinderella mientras vemos a The Ram paseando con su vehículo. Por no hablar de la durísima (y a la vez bella, qué coño!) escena final con ese Sweet Child O’Mine de Guns N’ Roses sonando a todo trapo. Maravillosa.

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